¿¡Qué extraño!?

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El último del proyecto. Soneto número 100.

Sucede si viajás o si yo viajo:
extraño oír tu canto de sirena;
te extraño en cada mañana serena;
extraño de tu cuerpo cada gajo.
 
Para que el tiempo pase no hay atajo.
Te extraño a la hora de la cena
cuando como pena con pena y pena
porque uno de los dos se fue al carajo.
 
Extraña tu campana mi badajo
triste porque hace mucho que no suena;
extraño tu bujero de allá abajo.
 
Extraño tu sonrisa, tu melena,
tu olor a romero, tu aliento a ajo,
tu boca, tu nariz, tu risa buena.

Tiene algunos pasajes álgidos, pero bueno, era el último que me quedaba.

Si Hernández puede desayunar pena con pena y pena, yo puedo perfectamente cenar con la misma receta.

El último ejemplo de “rimas continuadas”. Y listo. Se acabó.

Vendrán tiempos de paz

Antonio Soletic.

Vendrán tiempos de paz. Los meridianos
terrestres serán rondas, y la vida
una canción creada y compartida
por los hombres tomados de las manos.
 
La alegría saldrá de los arcanos
y olvidados rincones, redimida;
y en la espiga y la flor tendrá cabida
la solidaridad de los hermanos.
 
Yo sé bien que vendrán. Para esta espera
–que prescinde del tiempo y su medida–
no lego dogmas, leyes, ni bandera;
 
y obedezco a una prole que reclama
prolongar, en su sangre amanecida,
la esperanza, el amor y el pentagrama.

De su libro “Poesía rescatada”, 1986.

Me pareció una buena composición para cerrar en un tono positivo. Tiene un aire bastante setentesco, la “comunidad de los hombres libres”. Por desgracia parece haberse perdido esta idea. En mis épocas corría el consejo “cuando un patrón hable de libertad, llevate la mano al bolsillo”. Hoy parecería haberse transmutado en “cuando alguien (cualquiera) hable de solidaridad, llevate las manos a las orejas”.

Aún así, suscribo a la consigna principal de la obra: “vendrán tiempos de paz”. Amén.

Encontrado en el bolsillo del poeta suicida

Antonio Requeni.

Estoy a punto de morir y digo:
nada me importa abandonarlo todo.
He vivido. He soñado. De algún modo
sembré mi grano y esparcí mi trigo.
 
De otras muertes más nobles fui testigo
sin que el mundo rotase de otro modo;
seres que amaron y lo dieron todo,
mas lo que fueron se murió consigo.
 
Lo que yo soy, mi verdadera y honda
razón de enmudecer gira en la ronda
sombría y vana de los universos.
 
Me voy con mi verdad, cifra que nunca
conoceréis. Mi última voz se trunca.
Os dejo la mentira de mis versos.

Requeni es el autor también del libro “El Soneto en la Argentina”, ya mencionado en estas páginas, y de donde sacamos varios de los sonetos que aparecen aquí. Este poema suyo aparece en su libro “Inventario” de 1974.

A Clara

Anteúltimo mío.

No te puedo explicar qué cosa rara
me pasa cuando estoy en tu presencia…
ayuda más la magia que la ciencia
contemplando la imagen de tu cara.
 
Si hay otra sensación que se compara
sería un principio de demencia:
la mente se exalta con vehemencia;
de veras, ojalá no me pasara.
 
Como en el tren de paz y no violencia
hay que poner el freno de emergencia
porque de otra manera no se para.
 
Que sirva entonces ésto de advertencia:
trato de relatarte la experiencia
de lo que vos me hacés, María Clara.

Clara participó del histórico viaje del tren de la paz y la no violencia, de Buenos Aires a Mendoza, ida y vuelta, después de décadas que este servicio estuviera suspendido. Fue toda una aventura, y entre las anécdotas figura el frenazo que hubo cuando estábamos volviendo, porque los amigos de alguien estaban llegando tarde.

En algunos aspectos, el soneto recuerda otro que había hecho antes, donde también se describen descomposturas físicas causadas por la presencia de la otra persona, sujeto (o sujeta) de nuestro interés.

Clara me aclaró: “no te confundas”. Bien dicho.

Este soneto es el anteúltimo que compuse (por lo menos por ahora). También es el anteúltimo de los míos publicados en ésta página (el lunes que viene se acaba). Finalmente es el anteúltimo con “rimas continuadas”, porque el último también tendrá ésta característica.

El humano adolecer

Julio César de Muro

Gateando su inconciencia va la infancia
hacia el otoño de la edad madura
que frena con sus riendas de cordura
la cabalgata audaz de su arrogancia.
 
Su raudo anhelo pone la distancia
entre la placidez y la tortura
de descifrar enigmas (terca y pura
contienda del saber con la ignorancia).
 
El niño se hace joven: cesa el llanto
y vibra el universo con su canto.
El joven se hace hombre y en su empeño
 
por conquistar un mundo, mata un sueño.
El hombre se hace sabio: da consejo,
y acaso por su ciencia se hace viejo.

Aparecido en su libro “De lo Humano en el hombre”, 1980.

Fin de semana

Alfredo de Cicco.

Delatan los jilgueros sin destino
al vegetal maduro de antemano.
Y noviembre recuéstase en la mano
labradora y botánica del trino.
 
Dejo tu nombre exacto, repentino,
arañado en la frente del manzano.
Y tus ojos me aprietan el verano
con su compacta sensación de vino.
 
Dando pincel al techo colorado
un operario rubio y atezado
silba un trozo de música imprecisa.
 
Y la vida cabalga sin sosiego,
trazando la parábola de fuego
que lleva del carbón a la ceniza.

Este soneto pertenece a su libro “Suburbio azul”, 1956.

¿De qué habla? No queda muy claro en mi opinión. Pero tiene lindas frases: “la frente del manzano”, “un trozo de música imprecisa”, “la parábola de fuego”.

Más locos que las cabras

El antepenúltimo mío en esta serie.

Es cierto que yo tengo un sentimiento
deslumbrado, ideal, de ideas fijas
quiero, si no es así, que me corrijas
se puede llamar enamoramiento.

Por eso lo que digo, y no te miento
mirando por detrás de las rendijas
que pase lo que pase no te aflijas
porque así no podría estar contento.

Te escribo tantos versos y palabras
que podrían llenar dos universos
tanto como los momentos adversos.

Las almas no se ven aunque las abras,
qué triste es el sentido de los versos:
estar los dos más locos que las cabras

Había sido “acusado” por Ana de no estar realmente enamorado. Que tenía un “enamoramiento”. Nunca supe qué me quiso decir con ésto, pero seguro que muchos ahí afuera sí saben.

¿Hipérbole? “Llenar dos universos” de versos y palabras, no uno sino dos, eso sí que es una hipérbole.

“Las almas no se ven aunque las abras” sigue pareciéndome un pequeño hallazgo.

Y finalmente, los dos últimos renglones que necesitan una explicación. Los versos tratan de comunicar que toda la combinación cósmica de circunstancias, y en particular la locura de los dos personajes involucrados, llevan a una gran tristeza, por el desencuentro al que están destinados.

Dolor

Clara Lifsichtz Ottolenghi.

Ya tengo el corazón sobre la espina
como la flor que sube y adelanta
sobre la vida misma de la planta
la brevedad del gozo que ilumina.
 
Ya soy toda mi sangre. Ya me inclina
el peso que la frente me levanta.
Por un vez mi lágrima se espanta
del llanto con que el llanto se avecina.
 
Podré volver al sol y el sol acaso
quiera volcarse en bien sobre mi paso
pero no seré yo quien lo reciba.
 
Tendré en los ojos esta dura sombra
en que sólo el dolor llama y se nombra
y no veré la vida aunque la escriba.

Publicado en el libro “Cauce del Tiempo” en 1981. Yo lo saqué del libro “El soneto en la Argentina”, de Antonio Requeni.

Versalles y Zarzuelas

Sabina.

Traspaso de poderes versallesco,
dueto proporcional a tal derrota,
dándolo todo por no dar la nota
se inclina el capuleto ante el montesco.
 
Las urnas se vengaron con un cuesco
brutal del informal cuerpo de jota,
que, azuzando el azul de la gaviota,
palmó cual cejijunto juglaresco.
 
Lo menos malo fue que Izquierda Unida
tan frugal, tan inerme y malherida
recuperara votos descarriados.
 
Lo peor que el futuro es un despojo
condenado a pastar en el rastrojo
de un presente rehén de los mercados.

Éste, los dos de la semana pasada y varios otros aparecen en lo que parece ser su página oficial.

Re-cuerdos

Mío.

Recuerdos que construyen los peldaños
por donde cada día te apareces.
Recuerdos que se agrandan con los meses
y hacen que sin vos parezcan años.
 
Recuerdos que unas veces hacen daño
y provocan placer las otras veces.
Recuerdo que sos vos, y aunque no fueses
recuerdo que me dice que te extraño.
 
Inmerso por completo en tu recuerdo
regresa como un eco del olvido
y sigue como el texto a los dos puntos:
 
Sufrimos de pasión estando juntos
y siendo este recuerdo tan querido
no sé qué pasaría si lo pierdo.

Uno de los primeros que hice. Sufre del pequeño defecto de pretender hacer rimar singulares y plurales. Pero ya vimos que no es ninguna tragedia.

Todavía me gusta la idea de “y sigue como el texto a los dos puntos:” Poco más. Ya se nos están acabando.